Muchos
responsables y expertos en mantenimiento coinciden en que al menos los
2/3 de la actividad de mantenimiento debe ser planificada. La
herramienta que permite la planificación de las diferentes
tareas de mantenimiento es el plan de mantenimiento. La mayor parte de
las tareas preventivas están incluidas en
él.
A
pesar de ello, hay muchos técnicos y responsables de
mantenimiento que no conocen la forma más adecuada de
elaborar un plan, no conocen los pasos a seguir para conseguir
programar las diferentes tareas, e incluso algunos no disponen de un
formato adecuado. Este artículo trata de servir de
guía de referencia
LA NECESIDAD DE ELABORAR UN PLAN DE
MANTENIMIENTO EN UNA INSTALACIÓN INDUSTRIAL
La fiabilidad y la disponibilidad de una planta
industrial o de un
edificio dependen, en primer lugar, de su diseño y de la
calidad de su
montaje. Si se trata de un diseño robusto y fiable, y la
planta ha sido
construida siguiendo fielmente su diseño y utilizando las
mejores
técnicas disponibles para la ejecución, depende
en segundo lugar de la
forma y buenas costumbres del personal de producción, el
personal que
opera las instalaciones.
En tercer y último lugar, fiabilidad y disponibilidad
dependen del
mantenimiento que se realice. Si el mantenimiento es
básicamente
correctivo, atendiendo sobre todo los problemas cuando se presentan, es
muy posible que a corto plazo esta política sea rentable.
Debemos
imaginar el mantenimiento como un gran depósito. Si
realizamos un buen
mantenimiento preventivo, tendremos el depósito siempre
lleno. Si no
hacemos nada, el depósito se va vaciando, y puede llegar un
momento en
el que el depósito, la reserva de mantenimiento, se haya
agotado por
completo, siendo más rentable adquirir un nuevo equipo o
incluso
construir una nueva planta que atender todas las reparaciones que van
surgiendo.
Debemos tener en cuenta que lo que hagamos en
mantenimiento no tiene su
consecuencia de manera inmediata, sino que los efectos de las acciones
que tomamos se revelan con seis meses o con un año de
retraso. Hoy
pagamos los errores de ayer, o disfrutamos de los aciertos.
La ocasión perfecta para diseñar un buen
mantenimiento programado que
haga que la disponibilidad y la fiabilidad de una planta industrial sea
muy alta, es durante la construcción de ésta.
Cuando la construcción ha
finalizado y la planta es entregada al propietario para su
explotación
comercial, el plan de mantenimiento debe estar ya diseñado,
y debe
ponerse en marcha desde el primer día que la planta entra en
operación.
Perder esa oportunidad significa renunciar a que la mayor parte del
mantenimiento sea programado, y caer en el error (un grave error de
consecuencias económicas nefastas) de que sean las
averías las que
dirijan la actividad del departamento de mantenimiento.
Es muy normal prestar mucha importancia al
mantenimiento de los equipos
principales, y no preocuparse en la misma medida de todos los equipos
adicionales o auxiliares. Desde luego es otro grave error, pues una
simple bomba de refrigeración o un simple transmisor de
presión pueden
parar una planta y ocasionar un problema tan grave como un fallo en el
equipo de producción más costoso que tenga la
instalación. Conviene,
pues, prestar la atención debida no sólo a los
equipos más costosos
económicamente, sino a todos aquellos capaces de provocar
fallos
críticos.
Un buen plan de mantenimiento es aquel que ha
analizado todos los
fallos posibles, y que ha sido diseñado para evitarlos. Eso
quiere
decir que para elaborar un buen plan de mantenimiento es absolutamente
necesario realizar un detallado análisis de fallos de todos
los
sistemas que componen la planta.
Por desgracia, esto raramente se realiza. Sólo en
los
equipos más
costosos de la planta industrial suele haberse realizado este
pormenorizado análisis, y lo suele haber realizado el
fabricante del
equipo. Por ello, en esos equipos principales debe seguirse lo indicado
por el fabricante. Pero el resto de equipos y sistemas que componen la
planta, capaces como hemos dicho de parar la planta y provocar un grave
problema, también deben estar sujetos a este riguroso
análisis.
Ocurre a veces que no se dispone de los recursos necesarios para
realizar este estudio de forma previa a la entrada en funcionamiento de
la planta, o que ésta ya está en funcionamiento
cuando se plantea la
necesidad de elaborar el plan de mantenimiento. En esos casos, es
conveniente realizar este plan en dos fases:
1. Realizar un plan inicial, basado en instrucciones
de los fabricantes (modo más basico de elaborar un
plan) o en instrucciones
genericas
según el tipo de equipo, completados siempre por la
experiencia de los
técnicos que habitualmente trabajan en la planta, y las
obligaciones
legales de mantenimiento que tienen algunas instalaciones. Este plan
puede elaborarse con rapidez. Hay que recordar que es mejor un plan de
mantenimiento incompleto que realmente se lleva a cabo que un plan de
mantenimiento inexistente. Este plan de mantenimiento inicial puede
estar basado únicamente en las instrucciones de los
fabricantes, en
instucciones genéricas para cada tipo de equipo y/o en la
experiencia
de los técnicos.
2. Una vez elaborado este plan y con él ya en funcionamiento
(es decir,
los técnicos y todo el personal se ha acostumbrado a la idea
de que los
equipos hay que revisarlos periódicamente), realizar plan
más avanzado basado en el análisis de fallos
de cada uno de los sistemas que componen la planta. Este
análisis
permitirá no sólo diseñar el plan de
mantenimiento, sino que además
permitirá proponer mejoras que eviten esos fallos, crear
procedimientos
de mantenimiento o de operación y seleccionar el repuesto
necesario.
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